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Cardenal de Washington se postra por las víctimas de los sacerdotes pedófilos

El cardenal Donald Wuerl de Washington, quien fue culpado por fallar en lidiar con los sacerdotes pedófilos en Pensilvania, se postró el viernes como una señal de arrepentimiento en una misa dedicada a las víctimas.

El cardenal de 77 años, que era obispo en el noreste de Estados Unidos, se tendió en el suelo para abrir una "misa de penitencia" en la catedral de San Mateo, en Washington.

"Nuestras oraciones van a aquellos que han sido víctimas de graves abusos del clero y el ultraje de una respuesta inadecuada", dijo el prelado, que anunció esta semana que quiere viajar al Vaticano para presentar su dimisión al papa Francisco.

"Uno debe estar preparado para hacer lo que sea necesario, incluido el retiro y esta acción de mi parte será un aspecto esencial de la curación" de la iglesia, escribió en una carta a los sacerdotes de Washington.

Una investigación de un fiscal del estado de Pensilvania publicada en agosto reveló los abusos sexuales perpetrados durante décadas por más de 300 "sacerdotes depredadores": al menos mil niños fueron víctimas de sus acciones, que fueron encubiertas por la iglesia católica de ese estado.

En el informe final, escrito por un jurado popular, el cardenal Wuerl, que fue obispo de Pittsburgh de 1988 a 2006, es citado muchas veces como uno de los responsables eclesiásticos que ayudó a sofocar el escándalo.

Ha habido numerosos pedidos por su renuncia, incluso de su propio clero.

El cardenal se defendió en una declaración, asegurando que el informe demostraba que había "actuado con diligencia, en interés de las víctimas y para evitar nuevos abusos".

Sus partidarios argumentaron que había sancionado a algunos sacerdotes e incluso se había resistido a una orden del Vaticano de reinstaurar en sus funciones a un depredador.

Pero el fiscal general de Pensilvania, Josh Shapiro, lo acusó de mentir:

"Muchas de sus declaraciones después del informe del gran jurado están en directa contradicción con los documentos internos y los archivos secretos de la iglesia, y sus declaraciones engañosas solo se suman a los esfuerzos de disimulación".

Antes de la publicación del informe, la iglesia católica ya había sido sacudida por la renuncia a finales de julio del cardenal Theodore McCarrick, de 88 años, por cargos de abuso sexual contra un adolescente que se remonta a varias décadas atrás.

El viernes, en la misa, un fiel que fue víctima de un sacerdote cuando solo tenía 13 años, encendió una vela con el obispo Wuerl. Michael Nugent explicó a la asamblea que fue liberado de este "secreto" cuando tenía 55 años cuando alguien le dijo "no fue tu culpa".

"Viste la cara de un sobreviviente", dijo el cardenal a un grupo de seminaristas. "Recuerda que cada víctima tiene una cara y nunca te priva de decir lo siento".

"Ningún sitio donde rezar", se quejan los católicos chinos

Los niños tienen prohibido ir a misa, advierte un cartel en una iglesia de China, un país donde los buldóceres arrasan los lugares de culto "ilegales" y los curas -con el corazón en un puño- entregan a las autoridades una lista de fieles.

En la céntrica provincia de Henan, una de las más pobladas, los católicos son blanco de una campaña del régimen comunista para "chinificar" las religiones, así como del desarrollo inmobiliario que destruye barrios e iglesias

Un retrato roto de Jesucristo y bancos de madera volcados bajo un montón de ladrillos es lo que queda de una iglesia de la ciudad de Puyang, antes de que la declaren "construcción ilegal".

Liu Xueshang, un campesino que se gastó todos sus ahorros en colaborar en la construcción, busca la cruz entre los escombros.

"Aquí el futuro para la iglesia es sombrío. No tenemos ningún sitio donde rezar", lamenta el anciano, cuyo templo fue demolido para hacer hueco a edificios.

Según Anthony Lam, especialista en catolicismo chino en el centro de estudios del Espíritu Santo, órgano de la diócesis de Hong Kong, la urbanización "es un pretexto para destruir iglesias".

Los 12 millones de católicos chinos se debaten entre una Iglesia "patriótica" supeditada al régimen comunis

- Lágrimas -

La iglesia de Puyang estaba registrada y era legal, lo que no ha impedido que las palas mecánicas la arrasaran sin previo aviso. "Al día siguiente, todos los fieles viejos vinieron aquí y se sentaron a llorar", cuenta Liu. La escasa indemnización no bastará para construir un nuevo santuario.

En otros lugares de la provincia, una veintena de fieles y de prelados contaron a la AFP que este año la represión es tremenda. Y eso pese a que el Vaticano negocia con Pekín un acercamiento histórico.

Quitaron cruces de los campanarios, confiscaron textos y objetos religiosos y cerraron centros de preescolar.

Ahora los lugares de culto están obligados a exhibir la bandera nacional y la constitución y a eliminar los signos religiosos visibles desde los espacios públicos. Los menores de edad tienen prohibido entrar en los edificios religiosos.

En la catedral del Sagrado Corazón, en la gran ciudad de Anyang, una funcionaria de la Administración Nacional de Asuntos Religiosos dice haber venido a "inspeccionar", mientras unas 800 personas asisten a la misa del domingo.

"El catolicismo no es una religión indígena en China", afirma.

En la aldea de Zhifang, cerca de Puyang, el centro de preescolar que se encontraba en el patio de la iglesia está cerrado. "Quieren impedir que la iglesia se ocupe de la educación", comenta un responsable del pueblo bajo anonimato.

- Bajo vigilancia -

Las parroquias también han tenido que entregar información detallada sobre sus fieles y sobre eventuales "influencias extranjeras", como recogen los formularios consultados por la AFP.

Transmitir estos datos es "psicológicamente muy duro para el clero, que tiene la impresión de cometer un pecado", afirma un sacerdote.

Algunos creyentes siguen atentamente las negociaciones entre Roma y Pekín, que rompieron relaciones diplomáticas en 1951, con la esperanza de que algún día los fieles de la Iglesia clandestina no tengan que esconderse.

"Esperamos que los problemas religiosos se resuelvan. Compartimos la misma fe y queremos estabilidad y unidad", asegura un creyente.

"El diálogo entre la Santa Sede y la República Popular de China continúa. Por el momento no hay nada que añadir", declara a la AFP Greg Burke, portavoz del Vaticano.

Entre tanto, y a falta de un lugar de culto, algunos curas de la "Iglesia del silencio" contactaron con sus colegas de la iglesia oficial con la esperanza de hallar un sitio de oración a cambio de una supervisión, aunque sea de apariencias.

Con la rápida urbanización del país, "el espacio vital de la iglesia clandestina se reduce", afirma un cura de la Iglesia oficial. "Estamos en contacto con los clandestinos, para protegerlos, no para vigilarlos -explica-. Esto permite al Estado saber que no les perdemos de vista".